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Introducción informal a la filosofía de Xavier Zubiri

por Thomas B. Fowler

Presidente de la Fundación Xavier Zubiri Norteamericana

¿Alguna vez se ha conmovido usted con una pieza de música, o ha sido traspasado ante una gran obra de arte, o le ha dejado en temor un poema magnífico? ¿No creyó en ese momento que se le comunicaba a usted alguna gran verdad? Al leer una gran obra de literatura, ¿no habla usted acerca de Hamlet y Lear y Don Quijote como si fueran personas reales? Al estudiar matemáticas, ¿no hay un momento en que la belleza y el poder del asunto le golpeó y deseó saber acerca de la realidad de los objetos que estudió? ¿Y qué hay de su experiencia diaria de la vida: tocar y ver y oír? ¿No le comunican una experiencia aplastante de la realidad del mundo: personas, lugares, cosas, eventos, algo que debe ser últimamente base de explicación y no algo para ser explicado? ¿No se da cuenta de una característica de su percepción de la realidad que, en algún nivel, se garantiza a sí misma? ¿No es su experiencia de otras personas algo parecido: no son reales de una manera fundamental y no comprometida? Pero al mismo tiempo, ¿no piensa que la ciencia nos dice algo real acerca del mundo también?

Aristóteles dijo que la filosofía empieza con la admiración; pues bien, si usted ha deseado saber acerca de cualquiera de estas cosas, hallará a Xavier Zubiri y su filosofía inmediatamente interesante y accesible. Zubiri toma los aspectos anteriores de la experiencia humana como los materiales crudos e imprescindibles para la filosofía, y crea un sólido edificio con ellos y con la ciencia moderna, todo el tiempo en diálogo con la historia de filosofía para arrancar del pensamiento del pasado lo más valioso. La meta es crear una nueva manera de comprensión del mundo y del hombre -meta siempre de la filosofía profunda- que es rigurosa, completa y comprensiva, pero al mismo tiempo creíble e integrada con nuestras experiencias más básicas.

Cómo entendemos

Zubiri siempre ponderó las grandes preguntas filosóficas, y como conviene a un filósofo serio, nunca adoptó un "lema"; pero si lo hubiera hecho, habría sido indudablemente esta perspicaz observación de su amigo Einstein: "no se pueden resolver los problemas significativos a los que nos enfrentamos al mismo nivel de pensamiento en que estábamos al crearlos". Zubiri cree que los filósofos anteriores se desencaminaron porque comenzaron a construir teorías detalladas acerca de la comprensión humana, las cosas del mundo y lo demás, sin mirar ni tratar de describir y entender en primer lugar arduamente los aspectos más básicos de la experiencia humana. Esto ha llevado a extrañas teorías que incluso sus creadores admiten no creer. Empiece por el principio, dice Zubiri, y verá usted que la comprensión humana se divide en tres modos o fases. Estos tres modos o fases se despliegan lógicamente, si no cronológicamente, como sigue:

Estos tres modos de comprensión humana o de "inteligir", como lo llama Zubiri, merecen una explicación más amplia. De los tres, la aprehensión primordial es el más importante; es el producto de nuestras estructuras somáticas y nos pone en contacto directo con la realidad. Así, supone el fundamento para todo conocimiento ulterior. El punto de partida de Zubiri para describir la aprehensión primordial es la inmediación y sentido de contacto directo con la realidad que experimentamos en nuestras percepciones del mundo. Las cosas que percibimos: colores, sonidos, visiones, son reales en un sentido sumamente fundamental, que no puede ser supeditado a ningún razonamiento o análisis subsecuente. En otras palabras, hay, asociada con la percepción, una impresión aplastante de su veracidad, un tipo de "garantía" que la acompaña. Están aquí implícitos dos aspectos de la percepción, separados lógicamente pero, de hecho, inseparables: primero, de qué es la aprehensión, p.ej., algo verde, y, segundo, su característica auto-garantizante de realidad. Zubiri los llama contenido y formalidad de realidad, respectivamente. Ambos forman una unidad firme, caracterizada por un momento intrínseco de alteridad; y juntos nos instalan, aunque modestamente, en la realidad.

Las impresiones dadas en aprehensión primordial necesitan ser ordenadas, entendidas, nombradas y relacionadas con otras, usualmente con impresiones anteriores. Por ejemplo, si se aprehende un pedazo de papel verde en aprehensión primordial, uno ha aprehendido verdaderamente el verde; pero saber que es verde requiere el conocimiento de los colores y una comparación de este color recientemente aprehendido con los colores y sus nombres, conocidos a partir de aprehensiones anteriores. Y lo mismo con respecto al papel. Este modo de inteligir, basado en la aprehensión primordial, es un modo segundo o derivado que se llama "logos". Así, inteligir, a nivel del logos, atañe principalmente a referir a qué se llama una cosa, aprehendida como real en intelección primordial, como cosa y qué es respecto a otras cosas. Como Zubiri lo explica, el logos es lo que nos habilita para saber qué es una cosa, aprehendida como real en intelección sentiente, en realidad (un término técnico, que significa qué es algo respecto a otro saber de una persona).

El tercer nivel de intelección, ratio o razón -en la aceptación lata de explicación- abarca mucho más de lo que usualmente se asocia con esta palabra. En particular, el saber no es meramente la ciencia y las matemáticas (aunque éstas son muy importantes); hay otros modos de saber, por ejemplo, el saber poético y el saber religioso, que caen bajo la mirada de la razón tal como como Zubiri la entiende. Correlativamente, hay realidades que no son cosas en el sentido de objetos de ciencia; está, por ejemplo, la realidad de la persona. En palabras de Zubiri, razón es "intelección mensurante de lo real en profundidad", que quiere decir que la razón quiere saber lo real de una manera exploratoria y perspicaz. Hay que distinguir tres momentos de la razón: (1) la intelección en profundidad, p.ej., la teoría del electromagnetismo es intelección en profundidad del color; un poema o canción serían intelección en profundidad de las emociones de una persona; y una gran pintura puede ser intelección en profundidad de una doctrina religiosa o de la belleza de la naturaleza; (2) su carácter de medida, en el sentido más general, semejante a la noción de medida en matemática avanzada, aunque no necesariamente cuantitativa; ciertamente, una obra del teatro puede "tomar la medida de" una persona o experiencia, y (3) razón como intellectus quaerens -que quiere decir que la razón, con su estructura dinámica, direccional y provisional, sólo puede conquistar cosas de una manera provisional. Pero provisional en el sentido de que nuestra intelección no puede conquistar todo de la realidad o todo de cualquier cosa; la realidad es demasiado rica para nuestras mentes finitas. "Provisional" no implica escepticismo; sólo significa que seguimos buscando una plenitud de verdad acerca de la realidad que nunca obtendremos, pero de la que se nos entregan fragmentos gracias a la ciencia, el arte, la música, la literatura, la arquitectura y todas las formas "más altas" del saber.

El discernimiento de Zubiri es éste: aunque la inteligencia humana no es fundamentalmente defectuosa, y por eso es capaz de la verdad, es fundamentalmente limitada, en unos modos de los que no se fue consciente antes de este siglo, porque se ignoraban las pretensiones de lo que él llama "saber racional". En general, "saber racional" se identificó con alguna combinación de filosofía y ciencia, a menudo combinadas con alguna forma de reduccionismo, p. ej., toda experiencia y toda realidad pueden ser explicadas por la ciencia. Siempre hubo la creencia de que, de algún modo, todo es susceptible de explicación racional. En ningún caso fue llevado a cabo este ambicioso programa y, en general, sólo fue esbozado como un proyecto; pero la creencia se propagó con entusiasmo religioso. Ay, los cimientos, sin embargo, se vinieron abajo en el siglo XX, cuando incluso la ciencia fue forzada a enfrentarse con incertidumbres fundamentales. En la visión de Zubiri, lejos de ser un catástrofe, esto liberaba en grado máximo la mente humana, porque nos libraba de la adhesión servil a explicaciones excesivamente racionales, inadecuadas para capturar toda la experiencia humana, y, al mismo tiempo, abría otras áreas de conocimiento, capaces también de suministrarnos realidad: la historia, la literatura, la teología, el arte y demás. Correlativamente, vio que hay realidades que no son cosas en el sentido de objetos de ciencia; por ejemplo, la realidad de la persona. Estas maneras múltiples de entender la realidad reflejan su "apertura" última, opuesta a la visión sostenida por las filosofías anteriores, que implicaba que la realidad estaba "cerrada" y que era, por ello, completamente capturable, usualmente por la ciencia.

Esencia: lo que hace a algo lo que es

El lector conocerá algunas nociones famosas de la historia de filosofía, tal como esencia y causalidad, y desearía saber cómo encajan en el pensamiento de Zubiri. Permítasenos empezar con la esencia, rasteable hasta Aristóteles (posiblemente más allá). ¿Porqué son los gatos diferentes de los perros, las personas de las rosas y las vacas de las casas? Aristóteles también deseaba saber acerca de esto, y, en vista del evidente agrupamiento de las cosas en clases tan distintas, creía que debía haber algo que hacía a cada cosa ser lo que es y que, en cierto sentido, le hacía ser lo que es cuando fue creada. En vista de estas funciones, Aristóteles se refirió a ese algo tan misterioso con una expresión inusual pero muy descriptiva en griego: to ti en einai, que se convirtió en quod quid erat esse en el latín de la Edad Media, y que se traduciría por lo que era ser [la cosa]. Hoy en día generalmente empleamos la palabra esencia. Aristóteles y los filósofos medievales buscaron capturar la esencia en una forma de definición particular, abarcando género y especie; el ejemplo más famoso, por supuesto, es "el hombre es un animal racional."

Zubiri cree que Aristóteles estaba verdaderamente en algo con su idea inicial; hay algo acerca de los gatos que les hace ser gatos y los pone aparte de otros animales y de otras cosas. Pero Zubiri piensa que Aristóteles se equivocó cuando trató de forzar la esencia en el molde de la definición en género y especie: simplemente no encaja; la realidad es demasiado compleja. Además, se produjeron pocas definiciones más de esencia, si no ninguna otra, y había limitaciones evidentes aun en la de hombre. Para empezar, ella no explica cómo el hombre vino a tener dos brazos, dos piernas, cuál es su vida emocional, por qué muere y un sinfín de otras preguntas. ¿Qué razón tenemos para pensar que se puede capturar la esencia de cualquier cosa en una breve fórmula? A pesar de la necesidad intuitiva de ella, la esencia adquirió mal renombre porque, al final, la versión de Aristóteles basada en la definición no ha explicado realmente nada.

Por eso Zubiri repensó la noción de esencia y, volviéndola a sus raíces más hondas, ha creado algo que satisface intuitivamente y al mismo tiempo tiene poder explicativo. Esencia es "...el sistema básico y constitutivo de todas las notas necesarias y suficientes para que una realidad sustantiva sea lo que es". Para Zubiri lo importante es la relación mutua entre las notas que constituyen la esencia; cada nota constitutiva está presente en virtud de su lugar en la constitución del todo. Las notas son mutuamente dependientes y a menudo pierden su identidad individual en el sistema constituido. Cada realidad es, así, una unidad sistemática. Esta discusión general está de acuerdo con el moderno concepto científico de las cosas como sistemas dinámicos, en los que la relación mutua de los componentes hace a la cosa lo que es, con su conducta propia, diferente de la de sus constituyentes y a menudo ocultándolos.

A la luz de la discusión de Zubiri, está claro que los viejos conceptos de esencia no son congruentes con el conocimiento de hoy, especialmente con la ciencia, porque son lo que puede llamarse demasiado "planos", es decir, suponen que hay un carácter absoluto de toda cosa que puede ser capturado por unos actos de la mente, usualmente sin ayuda, sobre la base de que entonces "conocemos" la cosa. El ejemplo primario, por supuesto, es la definición clásica en términos de género y especie, como en "el hombre es un animal racional", que discutimos antes. Zubiri señala que tales conceptos de esencia son inadecuados porque fallan al capturar su propiedad física clave, la de complejidad estructural, de la que emergen todas las propiedades o notas de un cosa, incluyendo su dinamicidad. (La palabra 'física' debe entenderse en su sentido más lato y etimológico: naturaleza, sin postergarlo con la insostenible dualidad cartesiana entre cosas mentales y cosas extensas. Zubiri no es reductionista ni materialista -nociones que él rechaza explícitamente). La conducta, tal como ahora la entendemos, desde la evolución biológica hasta el caos, es de un orden completamente diferente y más sutil que el contemplado por los creadores de los viejos conceptos de esencia, y abarca capas de estructura que apuntan a una realidad mucho más rica y más compleja de la que esos conceptos son capaces de expresar. Al fin y al cabo, no es claro que se pueda expresar adecuadamente la esencia en lenguaje cotidiano.

La actividad exploratoria de la ciencia, a través del esbozo de posibilidades y del uso del experimento, es la ruta principal hacia el conocimiento de las esencias. El concepto de esencia en Zubiri es, así, mucho más profundo, pero también mucho más difícil de alcanzar, que el de las concepciones anteriores. No se puede buscar la esencia en el análisis metafísico de los predicados atribuidos a una cosa, como Aristóteles pensó (es decir, no es un ejercicio de sillón), sino que debe buscarse en el análisis de sus estructuras y características y en la función que cumplen en el sistema total que la cosa representa.

¿Causalidad o funcionalidad?

La noción de causalidad también merece cierta atención, ya que ha sido un concepto crucial a lo largo de la historia de filosofía. Aristóteles la hizo una de las piedras angulares de su filosofía y se ha usado desde entonces para fundamentar varios tipos de inferencias, tal como nuestro conocimiento de la realidad y la existencia de Dios. La noción de causa implica lo que podemos llamar la influencia productiva de una cosa sobre otra. La idea general es más o menos clara en nuestra experiencia cotidiana: "el agua caliente causó la quemadura", "el automóvil causó el accidente", "la invasión causó la guerra". Zubiri está de acuerdo en que hablamos y razonamos de esta manera, pero discute que causa sea la palabra apropiada, porque en la mayoría de casos se trata de una relación funcional, en vez de una causalidad verdadera. ¿Cuál es la diferencia? Una relación funcional presenta varios fenómenos de una manera descriptiva, sin ninguna implicación de causalidad. Por ejemplo, el agua a cierta temperatura reacciona de una manera particular con la piel. ¿Causó el agua caliente la quemadura? Quizás alguien reguló demasiado alto el calentador del agua o puso el grifo del agua caliente por equivocación u olvidó llevar ropa de protección o estaba en el cuarto erróneo o... usted ya entiende la idea general: el nexo causal es demasiado complicado de desenredar. Nunca podemos percibir directamente la influencia productiva de una cosa sobre otra; más bien, podemos percibir y describir las relaciones funcionales y éstas son a las que nos referimos cuando hablamos típicamente de causas. Pero esto no es un problema, porque Zubiri (a diferencia de Hume) no depende de cadenas de razonamiento basadas en la causalidad para ponernos en contacto con realidad; como vimos antes, estamos ya instalamos, aunque modestamente, en la realidad. Esto significa, sin embargo, que no se puede usar la causalidad como base de las demostraciones metafísicas, tal como la de la existencia de Dios (unas pruebas que, por otra parte, nunca hicieron mucho bien; ¿quien le rezaría a un motor inmóvil? - ¡la idea entera es ridícula!). ¿Tienen las causas algún papel que jugar? Sí, lo tienen, y un papel sumamente importante, pero sólo en un área donde podemos percibirlas: el reino de la persona humana. Volveremos después a este asunto.

La realidad humana y cómo es diferente

Naturalmente, nos gusta pensar en nosotros como diferentes, pero, ¿de qué manera? ¿Una forma más alta de vida? ¿Como otros animales, pero más inteligentes? Para Zubiri la diferencia es mucho más radical: una persona es un género diferente de realidad. La justificación de esta noción se basa en la totalidad de la nueva filosofía de Zubiri:

"Hizo falta una intelección mucho más difícil que la de la física cuántica para inteligir que lo real puede ser real y sin embargo no ser cosa. Ser, por ejemplo, persona. Entonces no sólo se amplió el campo de cosas reales, sino que se han ampliado eso que pudiéramos llamar los modos de realidad. Ser cosa es tan sólo uno de esos modos; ser persona es otro. Así ha cambiado no sólo el elenco de cosas reales, es decir, no sólo se ha descubierto una realidad más allende lo campal, sino que ha cambiado también el carácter de la realidad misma como mensura, porque una persona es algo distinto de una piedra o de un árbol no solamente por sus propiedades, sino por su modo de realidad..."

Como una consecuencia, su papel en el universo es diferente y hay una causalidad estricta entre personas (y sólo entre ellas), que a su vez implica una obligación moral. Esta causalidad no es una simple aplicación de las nociones clásicas de causalidad a las personas, sino algo irreductible a la causalidad de la metafísica clásica y aún menos reductible al concepto de una ley científica. Esto es lo que Zubiri llama causalidad personal. "Por mucho que repugne a la ciencia de la naturaleza, hay…una causalidad entre las personas que no se da en el reino de naturaleza".

Al elaborar este punto, Zubiri nota que hay innumerables relaciones interpersonales que no encajan en el molde de las cuatro causas tradicionales (material, formal, eficiente, final):

"Cuando estoy con un amigo o una persona a quien quiero, la influencia de la amistad o de la ternura no se reduce a la mera causalidad psico-física. No es sólo una influencia de lo que es el amigo, sino del amigo en virtud de quién es".

Zubiri nota que causalidad en sentido físico se ejerce por medios tales como la fuerza, la presión y la atracción, mientras que en la causalidad personal, es por medio de la amistad, el compañerismo, el amor y el apoyo, por ejemplo. Esta causalidad personal es la base para la moralidad y para la dimensión moral de la persona humana. La dimensión moral de hombre es una dimensión "física" (tanto como una dimensión espiritual), en el sentido de que representa en cada persona una "apropiación" real y física de posibilidades específicas para su vida. La moralidad, en el sentido de valores, bondad y obligaciones, es sólo posible por la fundamentación de esta dimensión física.

El acceso del hombre a Dios

Si las tradicionales pruebas metafísicas de la existencia de Dios no valen, ¿hay otras rutas disponibles? Antes de que contestar esta pregunta, Zubiri cree que debemos hacer algo semejante a lo que hacíamos en el caso de nuestra percepción de la realidad: debemos caminar hacia atrás y reexaminar el paradigma explicativo total y sus supuestos. Tradicionalmente, los teólogos se han acercado a Dios de un modo conceptual, en el que El es lo que Zubiri llama una "realidad-objeto", más o menos como nosotros, las piedras y las otras cosas de nuestra experiencia, aunque en algún grado más alto. Dado este acercamiento, todo el esfuerzo está inexorablemente concentrado en establecer maneras de "demostrar" la existencia de Dios. El problema principal con semejante paradigma es que produce pruebas que (1) no logran convencer porque dependen de argumentos metafísicos abstractos con premisas difíciles de establecer y (2) el Dios cuyo existencia han de demostrar se queda muy lejos del Dios personal de la tradición judeo-cristiano-islámica y es bastante incapaz de servir como base de una religión.

Zubiri piensa que este acercamiento entero es demasiado antropomórfico. Dios no es un "realidad-objeto", sino lo que él llama una "realidad-fundamento", algo a lo que debemos estar "re-ligados", es decir, re-conexos. (Mucho más en línea con la acercamiento de los pensadores místicos). En contraste con las vías demostrativas para probar la existencia de Dios, que son puramente idealistas (es decir, basadas en el razonamiento abstracto), Zubiri propone la vía de la religación, basada últimamente en nuestra experiencia de la realidad. Efectivamente, para Zubiri estamos religados a la realidad, ya que ella misma se nos impone y lo hace como algo último que nos impele y hace posible para nosotros "crear", por así decirlo, nuestras vidas. La experiencia de esta imposición, de este poder de lo real, es la experiencia de la fundamentalidad de la realidad. Y es la experiencia principal que todo hombre posee, sea teísta, agnóstico o ateo. Los tres divergen con respecto al discernimiento intelectual y a la volición al enfrentarse a este fundamento.

El teísta halla en su experiencia del fundamento una experiencia de Dios, un Dios no transcendente "a" las cosas, sino transcendente "en" las cosas. Por tanto, para alcanzar a Dios no se necesita abandonar el mundo (a la manera del Budísmo), sino entrar más en él, hasta llegar a su fundamento. Esto, por supuesto, no quiere decir vivir la vida por la vía rápida o convertirse en un hedonista, sino experimentar la vida profundamente, con lo que puede llamarse sentido "espiritual": reflexión, amor y servicio a los otros, hacer el bien y todo lo demás. Dios es últimamente el fundamento de las cosas (incluidas las personas) y es en su experiencia de éstas donde el hombre tiene la experiencia principal de Dios. Dado que la vida del hombre es un tapiz tejido con su experiencia con y de las cosas y dado que esta experiencia a su vez es una experiencia de Dios, resulta que la vida de cada hombre es, en cierto sentido, una experiencia continua de Dios. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que no es necesario buscar? ¿Que no se requiere ninguna vida espiritual? ¿Que el Dios de uno es tan bueno como el de cualquier otro? De ninguna manera; esos asuntos sólo aparecen en una fase ulterior, una fase que sería imposible sin esta fase primera. Lo que esto significa es que el Dios real de cada persona no es un concepto o el resultado de un proceso de razonamiento, sino algo mucho más hondo: la vida misma del hombre. Configurando y fabricando su vida propia, cada hombre configura (o desfigura) a Dios en sí mismo, porque la vida del hombre, concluye Zubiri, es siempre y formalmente una "experiencia de Dios".

Para el ateo, el poder de lo real está aún ahí y, como en toda intelección, requiere un fundamento. El ateo hace dos cosas: considera el poder de lo real sólo como un "hecho" y suprime sus otras dimensiones (etimológicamente "a-teo" significa "no-teísta"). De esta manera, escoge vivir una vida que es suficiente para sí misma; autosuficiente, como Zubiri lo expresa, que quiere decir una vida que es lo que es y como es, y nada más:

"El ateo se rinde formalmente a su propia realidad formal como única y suficiente realidad personal verdadera. Y es en esta rendición a sí mismo como verdadero en lo que la fe del ateo consiste. El ateo se entiende como rendido a sí mismo y se acepta a sí mismo como tal. Por tanto, hace una opción; el ateísmo es no menos una opción que el teísmo".

La característica sobresaliente de ateísmo es, pues, la fe en sí mismo -o, por extensión, en una clase social, en el conocimiento humano, en la humanidad u otro substituto similar.

Queda el agnosticismo. Etimológicamente, la palabra significa "no conocer", pero, como la experiencia del poder de lo real está siempre presente tanto para el agnóstico como para el teísta y el ateo, su intelección todavía requiere un fundamento -algo que los agnósticos buscan diligentemente pero no hallan. En las palabras propias de Zubiri:

"El agnosticismo es una búsqueda intelectiva frustrada. Es en esta frustración donde la incognoscibilidad y la ignorancia de Dios adquieren su estructura, donde la suspensión de la fe ocurre. Pero como ignorancia, como incognoscibilidad y como frustración, el agnosticismo es una forma estricta de proceso intelectivo que descansa en un momento real de la realidad conocida intelectivamente como tal".

Así el agnóstico es alguien que reconoce la necesidad de hallar un fundamento para su experiencia del poder del real, pero que no ha logrado su meta.

A dónde ir desde aquí

Es de esperar que esta ojeada haya agudizado su apetito de aprender más acerca de Zubiri y su filosofía. ¡La filosofía es asunto difícil, no se equivoque, y pocas son las ayudas visuales que se pueden traer como auxilio! ¡Y no hay vídeos! Pero las obras de Zubiri premiarán el estudio cuidadoso. Recuerde siempre que la filosofía, como la teología, opera al nivel más hondo de nuestra jerarquía del conocimiento. ¡Eso significa que estudiar filosofía es como vivir en su casa mientras usted trata de reconstruir sus cimientos y quizás hacer un género completamente diferente de cimientos! Lo mismo que toda casa tiene unos cimientos, examinados o no, todo el mundo se adscribe a una filosofía, se dé cuenta de ello o no. Por estas razones, el estudio de filosofía no es de paso rápido; requiere tiempo para que las ideas calen -a menudo se necesitan meses o años de reflexión. El ocio -el tiempo para la contemplación y la reflexión- es la base de cultura; la palabra griega skolé, de la que viene nuestra palabra "escuela", quiere decir ocio, no educación. El pensamiento serio no puede florecer en un ambiente MTV.

Para empezar su viaje, tal vez quiera leer la "Introducción formal a la filosofía de Zubiri" en este sitio Web y, después, repasar la "Guía de lectura" para determinar la primera obra de Zubiri a la que le gustaría enfrentarse. Inteligencia sentiente es la magnum opus de Zubiri y su trabajo más importante, pero tal vez quiera leer unos pocos ensayos de Naturaleza, Historia, Dios como ejercicio de precalentamiento. Si el asunto de la esencia es de su particular interés, Sobre la esencia sería un lugar bueno para empezar. Y, por favor, sepa que, además del material disponible electrónicamente en este sitio Web, la sección "Información y recursos" tiene una página dedicada a la compra de copias impresas de las obras de Zubiri, más fáciles de leer, por supuesto, que la pantalla del ordenador.

¡Buen viaje!

Gracias al Señor Juan Diego Blanco por su revisión de la traducción

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